Esa blusa rosa, le encantaba el juego que hacía con la solemnidad de su falda negra hasta las rodillas, debajo de sus caderas que eran como un corazón inflamado quemado por las líneas rojas de las incipientes estrías, dando tumbos al son del movimiento diastólico. A veces, cuando ella sonreía, él parecía sentirse ligero, con ganas de hablar y decir cosas como: “tus nalgas son tan suaves que quiero resbalarme en ellas”; sin ofenderse, claro, porque ella entiende que necesariamente era verdad eso. Lo supo desde una vez que tomó un baño y el estropajo era de un asco inusable, entonces tocó sus muslos flácidos con sus manos desnudas con sus dedos tímidos con sus ojos libidos, los llevó por su piel hasta donde descubrió los glúteos y creyó haber encontrado la isla donde un pirata pervertido había enterrado un frágil tesoro. Tan frágil como una flor abierta o una anémona a merced de las corrientes invernales. Al instante olvidó que pensaba reprocharse el ignorar la química elemental que le dijera que el hachedosó natural a cierta temperatura mezclado con las secreciones de su piel eran una cosa inflamable, porque pronto se envolvió en un abrazo de fuego y estertor, allá lejos, en lo inaudito y en el espacio que carga el acoso de la vigilia ancestral. Ávido, como un gato en celo, su brazo recorría su entrepierna, haciendo una contorsión de la cintura por detrás de su cuerpo. Las exhalaciones múltiples se apagaron después del estado crítico cercano a la mortandad y de un espasmo al que sólo le siguió el ruido del agua al salir de la regadera y tocar el suelo. Sus mejillas aún suben de tono cuando lo recuerda.
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Desdibujo
Era un trece de octubre. El mundo se desbordaba por la televisión. Un barquito de papel redoblba esfuerzos para no sucumbir al embate del agua en el útimo tiempo de la tarde, al filo de la acera. Como un dibujo de carboncillo el día se derretía en oscuras imágenes intermitentes, incluso con sus gardenias coloridas de blanco y la gargantilla al tronco de un sauce, que se deshacía en su llanto peculiar, con lágrimas de resina y sonrisa de ámbar; coronado por un nido de codornices, en la angostura de una rama, auteridad propia de un hombre de la luna que mira desde su soledad, fingiendo plàticas de sol y con el sol, conversaciones glamorosas de las estrellas y demàs constelaciones amarillo ocre.
Insoportable Memoria (extracto)
…que pensaría cuando sea despertado en la mitad de las horas de la noche, por el soplo helado que se filtró entre las heniduras de las sábanas, y abriendo los ojos buscando al indómito causante de mi perturbación no halle más que las huellas de un perfume que flotan en el silencio; ¿cuál será mi pensamiento?, si al amancer vea los claros del sol teñir de rosa a una aurora desangelada, y que en cada grito suyo se escape un alma enamorada, y que cada lamento suyo haga que los pájaros dementes del ficuz enmudezcan. ¿Y tú?, encogida sobre el brillo del vacío, abrazada de sollozos fuertes, de insoportable memoria. Dime que no, que el corazón no tienen bandas de garantía, cifradas por algún código juliano, ni que hay en su interior una banda elástica recubriendo sus contornos, evitando fugas salinas.
Líneas de fuga
El blackbird de Juan Betán Sans. O los Pájaros de Hi-Scotch.
Los Pájaros de Hi-Scotch es un cuento extrído del libro Antes y después, lo encontré en la revista Líneas de Fuga, revista de literatura de la Casa Refugio Citlaltepetl. En realidad ésto es lo único que conozco de éste autor, hoy leí este cuento, en el número 17 de la revista del año 2005. No me he puesto a investigar sobre Juan Betán Sans, pero en un primer vistazo en el google no me apareció nada relacionado con él; el pelado es cubano, y es precismamente eso lo que me llamó la atención de este cuento, que trae impregnados los matices de la progresiva revolución cubana y su repudio generacional al capitalismo.
Hi-Scotch era un hombre solitario… empieza el cuento, un tipo uraño, un extirpado voluntario del mundo, por el trágico mal social de que la vida no merece su presencia; una representación de uno de esos millonarios que miran la miseria desde sus penthouse, y se lamentan de quienes entregan sus horas estériles de trabajo y vida en pro de su fortuna, para luego elloss consumirla plácidamente en extravagancias y demás estúpideces.
Su contacto con los hombres se reducía a mirar en todas direcciones por las ventanas de su casa, no para solazarse en el paisaje, sino para comprobar si sus peones -a quienes interiormente llamaba “sus esclavos”- estaban trabajando como bestias, atados solamente a él y su finca.
Ejemplifica con una alegoría de las jaulas y los pájaros esas acinaciones humanas, que existen en la mayoría de los países tercermundistas, acionaciones apiladas dentro de diminutos espacios de tierra y espacio a las que se les llama casa o patrimonio, son un acto categórico de la usura y la necia avaricia de los adinerados que se apoderan de grandes predios para segmentarlos en porciones muy pequeñas con las que luego lucran, dizque supliendo esa necesidad de techo de miles de familias. Contruídas con materiales de muy bajo costo, para hacer más rentable el negocio, y con un interés que la mayoría de las veces es superior al 50 por ciento.
Y luego, al puro estilo de la escuela cubana, viene la sublevación, la libertad, el despertar, y la supremacía del pueblo… antes, penosamente, Hi-Scotch es doblegado por su propia avaricia.